Una polémica tan insólita como inquietante sacude al salto de esquí en la antesala de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026. Autoridades antidopaje confirmaron la apertura de una investigación para determinar si algunos procedimientos estéticos en la zona genital podrían estar siendo utilizados con fines competitivos, al modificar el ajuste de los trajes y generar ventajas aerodinámicas durante el vuelo.

El tema tomó notoriedad luego de que medios alemanes difundieran la hipótesis de que algunos deportistas habrían recurrido a inyecciones de ácido hialurónico en la ingle. Según esa teoría, el aumento de volumen en esa región ampliaría la superficie del uniforme en el aire, permitiendo trayectorias más largas y aterrizajes a mayor distancia. A partir de esas versiones, responsables del control antidopaje olímpico señalaron en una conferencia de prensa realizada en Milán que analizarán cualquier evidencia que vincule este tipo de prácticas con una posible forma de dopaje.

Especialistas médicos consultados en Alemania advirtieron que, si bien es técnicamente posible lograr un engrosamiento temporal mediante sustancias como parafina o ácido hialurónico, se trata de intervenciones con riesgos clínicos significativos. Además, remarcaron que el reglamento que regula la confección y el ajuste de los trajes en el salto de esquí es extremadamente estricto, por lo que cualquier modificación destinada a alterar el rendimiento puede derivar en sanciones deportivas.

Las sospechas actuales se suman a antecedentes recientes dentro de la disciplina. A comienzos de año, la Comisión de Ética de la Federación Internacional de Esquí sancionó a integrantes del equipo técnico de Noruega por manipular uniformes durante el Mundial de Esquí Nórdico previsto en Trondheim 2025. El episodio derivó en la descalificación de figuras destacadas y en suspensiones temporales, mientras la federación nacional reconocía que las alteraciones habían sido deliberadas, aunque desligó de responsabilidad directa a los atletas.

Desde la Agencia Mundial Antidopaje evitaron adelantar conclusiones, pero dejaron en claro que el asunto será examinado con detenimiento. Su director general sostuvo que, aunque no existen certezas sobre el impacto real de estas prácticas en el rendimiento, cualquier procedimiento que pueda considerarse una mejora artificial deberá ser evaluado dentro del marco normativo vigente.

Con la ceremonia inaugural prevista para las próximas horas y el cierre de la competencia programado para el 22 de febrero, el caso instala un nuevo foco de tensión en el movimiento olímpico. Más allá de lo inusual de la denuncia, la investigación vuelve a poner en debate los límites entre innovación, ética y salud en el deporte de alto rendimiento, en una disciplina donde milímetros y fracciones de segundo pueden definir la gloria o la sanción.